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El amor en tiempos de Covid-19

“Pocas veces he visto tanto fuego devorando mis facciones como cuando los recuerdos, muy gratos recuerdos, hicieron aflorar el rubor del placer”, le escribía en el siglo XVIII la escritora inglesa Mary Wollstonecraft (Mary Shelley, la autora de Frankestein) a su amante. El erotismo a larga distancia se ha amoldado a las herramientas disponibles de cada época. Los sutiles intercambios epistolares de otros tiempos, hoy han dado paso a las imágenes concretas y los mensajes sin rodeos intercambiados en aplicaciones tecnológicas que se transmiten a gran velocidad dándole una vía de escape al aislamiento.

Ana y Francisco convivieron más de un año apenas cruzando saludos y mediante alguna charla de pasillo. Asistían al mismo gimnasio antes de la pandemia, pero después de la llegada del virus, Ana descubrió un saludo en WhatsApp de alguien que había conseguido su teléfono. Descubrió que se trataba de aquel hombre con el que nunca le interesó hablar más de cinco minutos; sin embargo, desde el primer mensaje la curiosidad creció. Al poco tiempo hablaban de sus películas favoritas, canciones de adolescencia y los sueños de la noche anterior. El tono fue subiendo, pero aceptado de buena gana por ambos. Lo que parecía una relación imposible en vivo y en directo se convirtió en un tórrido romance tras la pantalla de un celular.

En tiempos de pandemia, las relaciones de pareja parecen construirse con viejos y nuevos códigos que especialistas en todo el mundo tratan de entender a través de estudios que buscan convertir la anécdota en datos útiles. El doctor Eusebio Rubio-Aurioles, fundador de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, A.C. (Amssac) dice que la combinación entre pandemia y avances tecnológicos ha generado modificaciones vinculadas a las interacciones sexuales. “Esto no es sorprendente: en otras épocas estos acercamientos eróticos se daban mediante cartas. Los medios de comunicación que se han venido agregando también son formas de comunicación sexual que ofrece nuevas alternativas”.

Para el especialista, es muy importante tener cuidado con las generalizaciones, sobre todo al referirse a la vida de las parejas; sin embargo, hay fenómenos en común que se viven en todo el mundo. La soledad, el estrés y los altibajos económicos desencadenan también cambios en la conducta sexual, pero para analizar sin especulaciones, las encuestas se han convertido en herramientas para entender similitudes y diferencias que plantean nuevos retos para interrelacionarnos. “Para construir ciencia, conocimiento y bienestar en cualquier área es indispensable saber lo que sucede” dice Rubio y agrega que la especulación es muy diferente a la evidencia que arrojan las respuestas de las personas sobre esta vida íntima.

Hoy se realizan ambiciosos estudios en el mundo para entender las dinámicas de las parejas frente a la pandemia. El Instituto Kinsey, fusionado a la Universidad de Indiana convocó, prácticamente desde el inicio de la pandemia, a la participación voluntaria y abierta para comprender la vida romántica y sexual de los adultos.

“Este virus y los cambios sociales resultantes son nuevos para casi todos nosotros, y este evento puede estar uniendo o separando a las personas de maneras que no hemos visto o estudiado anteriormente. Desarrollar una mejor comprensión de cómo se sienten y se comportan las personas en contextos de emergencia es importante tanto para la investigación como para la práctica clínica, con el fin de analizar los resultados positivos y negativos, y prepararse para el futuro” dicen especialistas del instituto de investigación en sexo, género y reproducción.

Otro estudio de largo aliento es el que realizan investigadores del área de ciencias del comportamiento y el cerebro del Departamento de Psicología de la Universidad de Georgia. El proyecto Amor en los tiempos de Covid tiene como objetivo determinar cómo la pandemia está afectando las relaciones de las personas en diferentes países y culturas; así como saber qué tipos de personas son más vulnerables psicológicamente a sus efectos.

El doctor Rubio explica que México formará parte de un magno estudio internacional de 33 países; es una encuesta convocada por la Universidad de Gante, en Bélgica, que busca ver los cambios en la conducta sexual por el confinamiento, pero que también busca obtener más conocimiento sobre aspectos de la salud reproductiva durante la contingencia, como atención en los embarazos, cuidado prenatal y acceso a los anticonceptivos.

“Todas las emergencias sanitarias en general dejan en el descuido la salud sexual. Lo importante es tener muestras representativas y en este sentido vamos a tratar de conseguir la participación de los mayores núcleos de población del país e intentar que también se abarquen segmentos de la población poco favorecidos (que no son los que suelen participar en las encuestas en línea). Se trata de tener un panorama del país, pero también de poder compararlo con otros. Se requiere encontrar patrones para enfrentar otras circunstancias parecidas a las que estamos viviendo actualmente”, señala el especialista

Del entendimiento a la violencia

Amssac ya ha podido brindar una muestra del impacto de la pandemia en la conducta sexual de los mexicanos mediante los resultados de su encuesta Sexualidad y Covid-19 que integró las respuestas de mil 785 individuos con un promedio de 40 años, pero un rango que abrió la invitación de los 18 a los 80 años.

Rubio considera que hay algunos puntos fundamentales que destacar sobre los resultados de esta encuesta. Uno de ellos es que aunque la pandemia ha traído consigo un impacto en la vida erótica de las personas los cambios en la conducta sexual no son universales, sino determinados por las condiciones en las que se habita. Las restricciones en los espacios y momentos de privacidad alteran el comportamiento sexual dependiendo de si se vive en pareja, con niños, solos o en familia ampliada.

El especialista reporta una disminución en las relaciones coitales en donde habitan más de dos personas, mientras que otras formas de interacción erótica, como videollamadas y mensajes de texto, muestran un aumento tanto en gente que vive sola como en la que habita en privacidad disminuida. Otra parte importante en la encuesta es la medición de violencia y salud mental. La conducta sexual parece ser un termómetro de la presencia de otros problemas que la pandemia puede volver más evidentes como la presencia de diferentes tipos y niveles de violencia, así como problemas en la salud mental como depresión, ansiedad y estrés.

Aunque para el especialista es muy difícil saber si la experiencia de la pandemia cambiará en algo las formas de interrelacionarnos con otros a futuro, cuando menos lo que dure la pandemia tal parece que la velocidad para acercarse eróticamente disminuirá.

“Había una tendencia en aumento sobre la rapidez en el proceso de conocer a alguien para tener actividad sexual, pero ante el temor de la infección los patrones de conecte sexual se vuelven más lentos por el intento de conocer más de la persona para conocer sus dinámicas y evitar el contagio”, comenta, y puntualiza que la cautela quizá también brinde la oportunidad de conocer más a la persona más allá
de sólo aspirar al encuentro sexual y para quien busca una relación con mayor trascendencia emocional quizá esta disminución de esta velocidad puede ser positiva.


La comisión de educación de la cámara de diputados se encuentra en la segunda etapa de revisión del proyecto de ley de educación sexual. Se trata de un proyecto que fortalece y garantiza la formación en sexualidad en todas las etapas escolares. Asistimos a una situación inédita, puesto que el proyecto ha tenido un insospechado apoyo político transversal. De hecho, sus dos caras más visibles son la diputada Camila Rojas (Comunes) y el ex diputado Jaime Bellolio (UDI). Evidentemente hay elementos no resueltos en el proyecto, centralmente en relación a la tensión Estado / familia, pero en su generalidad las indicaciones que han hecho llegar las/os integrantes de la comisión de educación no parecen irreconciliables.

Queremos, sin embargo, advertir un problema. El proyecto se enfrenta a una dificultad que no es del orden de la sexualidad, sino de un ámbito más pedestre: la organización de la enseñanza. La investigación ha mostrado que la forma más eficiente de instalar prácticas de educación sexual de manera regular en las aulas, es por medio de la inserción de sus objetivos en el currículo regular. Expertos curriculistas y el propio Ministerio de Educación han coincidido durante la discusión de este proyecto de ley en que la educación sexual debe incorporarse al currículo. Solo así se situará como una práctica común en las escuelas.

Pero este año Chile está cerrando uno de los procesos de reforma curricular más importantes de su historia, que se inicia con la promulgación de la Ley General de Educación. Se trató de 9 años de un trabajo riguroso en que se modificaron las bases curriculares de todas las asignaturas. Por ello, comenzar ahora con un proceso de revisión y transformación de sus productos aparece como un contrasentido.

El proyecto de ley se enfrenta entonces a la necesidad de proveer un horizonte en que la sexualidad se incorpore al currículum a través de una propuesta de largo plazo. Esto debe estar garantizado. Pero a su vez, debe ofrecer una alternativa de transición, que permita la implementación de educación sexual de altos estándares en el corto plazo, a la espera de que se inicie otro ciclo de cambios en el currículo.

Las/os diputadas/os se han propuesto resolver esa dificultad mediante la extensión a todos los niveles escolares de la ley vigente (20.418), la cual exige a los establecimientos con enseñanza media a que desarrollen sus propios programas de educación sexual. Sin embargo, esta ley tiene 10 años de vigencia y sus resultados han sido frustrantes. Los establecimientos difícilmente logran diseñar y poner en práctica modelos originales de educación sexual. El asunto ha sido investigado, y sabemos con certeza que en la actualidad no existen los conocimientos ni los recursos para que cada escuela (y en particular las de dependencia municipal) elaboren diseños institucionales. Insistir en esta estrategia no tiene justificación técnica.

El proyecto de ley debe, entonces, ofrecer una alternativa. Para ello, sugerimos que la misma ley exhorte al Ministerio de Educación a asumir el protagonismo que históricamente ha esquivado en relación a la educación sexual. ¿Cómo? Produciendo y difundiendo una propuesta didáctica integral sobre sexualidad para las escuelas. Lógicamente esta debe basarse en los principios que defina la ley, entre los cuales destacamos la laicidad propia del sistema público de educación (que es respetuosa de toda expresión religiosa), el enfoque de género y el marco de derechos.

Aún sin contar con un soporte curricular, el Ministerio puede proporcionar, a establecimientos y docentes, recursos didácticos de calidad, junto a una propuesta de gestión, orientados a facilitar la realización de educación sexual. Por supuesto esto no censura la posibilidad de que cada establecimiento pueda elaborar sus propias propuestas pedagógicas, siempre que tengan coherencia con los principios de la ley. Este mecanismo no es extraño, así se hace con los planes y programas de cualquier asignatura y es la forma en que el sistema escolar responde al principio de libertad de enseñanza.

El proyecto de ley debe proveer por un lado una solución definitiva a través de la incorporación de la sexualidad al currículo, y por otra parte debe proponer una estrategia eficiente de corto plazo, mediante la producción de un programa centralizado de educación sexual, con una propuesta de gestión y materiales didácticos útiles para todo tipo de escuelas.

De desconocerse esta dificultad, podríamos volver a tener una ley de educación sexual que se muestra sugerente en sus intenciones, pero del todo inoperante en cuanto a las prácticas escolares.


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