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Bayern vs. PSG: Contundencia arrolladora vs. clase individual

Después de tantas sorpresas en un cierre de Champions sui generis, los dioses del fútbol se pusieron serios en Lisboa, para bendecir las piernas de los jugadores de Bayern Münich, y el Paris Saint Germain, los equipos semifinalistas más sólidos, y por consiguiente los que se darán cita en la final.

Hablamos de dos rostros distintos de una moneda: los bávaros, son, igualados con sus víctimas de cuartos, el Barcelona, el cuarto equipo más ganador de la competición con cinco títulos. Del otro lado, el PSG aspira, de la mano de la dupla de delanteros más temibles, y más cara de la actualidad, entiéndase Neymar (19 goles en la campaña) y Mbappé (23 perforaciones), a alzar su primera orejona.

A juzgar por lo acontecido hasta este punto, todas las papeletas, o casi todas para no pecar de absoluto, dan al Bayern como favoritos. Los teutones se han comportado como un rodillo imponente.  

Además de una historia más “jugosa”, desde que Hansi Flick asumió las riendas del elenco exhiben un escandaloso saldo de 32 triunfos, un empate y dos reveses, incluidos una decena en línea en esta Champions, con poder de fuego de 42 goles.

Pudiera ser el 11 un número bendito para los germanos: esta será la undécima final disputada por ellos (balance equilibrado de 5-5), además que, de imponerse lo harían en su duelo número 11, con fase de muerte súbita sui géneris desde octavos de final en el parque Luz de Lisboa, disputada a partidos únicos.

Además, tienen de referente en ataque a un Robert Lewandowski en estado de gracia total. El ariete polaco comanda los cañoneros de la justa con 15 perforaciones, a dos del récord en poder del portugués Cristiano Ronaldo, además de una campaña en la que su apartado goleador global ostenta la envidiable cifra de 49 dianas.

Pero este Lewandowski no se halla para nada solo. Por los costados Perisic, Kimmich, y el canadiense Alphonso Davies se antojan incombustibles, con cuatro pulmones y la profundidad para ir y venir según la situación del partido lo amerite, siempre partiendo de la presión del Bayern en el medio sector, una de sus armas fundamentales, con Thiago y Müller aportando como mariscales en creación, y el destapado Ngabry, con nueve dianas, multiplicado y aprovechando su calidad incuestionable.

Pudiera parecer que este Bayern no tiene fisuras, incluso me atrevería a afirmar que hombre a hombre, juzgando los rendimientos de cada una de sus piezas, luce más poderoso que el que levantó por última vez la orejona en el 2013.

Pero ojo, el Lyon dejó al descubierto algunas fisuras, relacionadas con las espaldas de la dupla central de Boateng y Alaba ante delanteros rivales explosivos y rápidos. Sufrieron en los 15 minutos iniciales con las embestidas de Depay y Ekambi; por lo que presumiblemente también pudieran sentir las revoluciones de Mbappé, Neymar y compañía.

Si bien es cierto que en Lisboa ni Ney, ni el niño maravilla galo se han hecho sentir, pudieran explotar en la final, y, por consiguiente, hacer sufrir a la defensa germana. Ellos estarían acompañados de un Di María resurgido cual ave Fénix, la sobriedad y capitanía de Thiago Silva en la zaga, y el arco defendido por el curtido a todos los niveles Keylor Navas.

Un partido de poder a poder, con el Bayern indiscutiblemente en mejor momento, pero en contraparte obligado a saldar una deuda con la historia de los enfrentamientos particulares con el PSG en Champions, global favorable a los franceses 5-3, siempre en instancias de grupos.

Ahora se lo juegan el todo por el todo, en los 90 minutos más importantes que han tenido cara a cara. Un choque que promete goles y ojalá que mucha luz en cuanto a calidad futbolística en el estadio de la capital lusitana.  


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